Tinto y diesel
Eran los Pilares y decidí no volver a Zaragoza. Necesitaba unos días a mi sola, a mi aire, por fin. La convivencia no estaba siendo fácil, pero el puente se acababa. Llegaría de madrugada y a la mañana siguiente los dos volveríamos a trabajar, yo a la oficina; él a la obra, y se repetirían las exigencias de información de lo que pasaba en los despachos, la exigencia de ser atendido el primero, de que el trabajo doméstico estuviera hecho, ... y de que le hubiera comprado el Marca. Hasta esa llamada de teléfono... - Ha tenido un accidente. El tiempo se suspendió. Inmediatamente tuve la sensación de que yo había tenido la culpa. De que debería haber estado allí, acompañándole, y vigilando, cual analógico GPS, de cualquier circunstancia que pasara en la carretera. - Pero, ¿cómo...? pregunté. - Ha entrado a la bodega, a comprar vino, y al incorporarse a la carretera, un coche que salía de la curva le ha embestido por el lado del copiloto.-Dijo la voz...