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TIEMPO Y ARENA

  PODRÍA HABER ESTADO JUNTO A SU PADRE,… pero no estuvo.   Todos le habían dejado solo.   Fue más fácil ignorar las señales de alarma, las llamadas sin contestar, la falta de noticias, el comportamiento errático, la incoherencia de los mensajes… Pero dolía, dolía en el centro del pecho, donde crecía una angustia indescriptible por no saber ni donde ni como estaba, si comía bien, si tenía dinero, si le habían vuelto a cortar la luz o el teléfono… si… Y no podía decir nada, porque todos habían hecho un cortafuegos, para protegerse, porque ya no era su padre, ni su marido, ni su hermano, era alguien desconocido, que no se dejaba ayudar, que andaba descalzo por una playa de arena abrasadora sin que le quemaran los pies, y que ya no recordaba sus nombres, ni el camino de vuelta. Solo conservaba su afán por el trabajo, por mantenerse ocupado, y su ambición, un golpe de suerte, recuperar lo apostado y perdido, haciendo girar la ruleta cada vez más rápido, … por eso se apar...

La casa del lago

Un niño baja la escalera del patio de la mano de su madre mirando al suelo. No se atreve a mirar a la familia del novio de su madre, Miki,  porque sabe que todos están pendientes de ellos y le da vergüenza.  Era la primera vez que iba a la casa del lago, de la que tanto le habían hablado, la casa de los padres  de Miki, a los que también iba a conocer ese día... Y a los hermanos de Miki, y a sus sobrinos, ¡a todos!  La verdad es que se moría de vergüenza... y de curiosidad.  Se había imaginado una casa a los pies de un lago como las de las películas de los fines de semana de la tele, con las que su madre se queda dormida en el sofá, en las que se ven paisajes con montañas nevadas al fondo y esquí acuático, pero no. Esta era una urbanización con piscina en un pueblo cerca de Zaragoza, Pinseque. Pero la urbanización se llamaba "El lago" y por eso todos la llamaban "la casa del lago".  Mientras se acercaban se concentró en no ponerse colorado, en el ruido de l...

AMIGAS

 - EN REALIDAD, SI NO HUBIERA POBRES..., dijiste nada más rebasar a esa señora sentada que pide en el suelo frío de la acera.  Esa que siempre vemos en el cruce del paseo Sagasta frente al Corte Ingles. - ¿Qué quieres decir?-te interrumpí- ,¿que no habría ricos? Lo dices para acallar tu conciencia capitalista. Porque te encanta como vives; las vacaciones, las comilonas, poder sacar la tarjeta a pasear sin consecuencias... Lo que pasa es que eres una maldita comunista, una ilusa, una perroflauta de esos... una cantamañanas. -Me contestaste, mientras nos sentábamos en la terraza del Estoril para tomarnos el café- y encima, lo dices desde tu cómoda posición de blanquita del primer mundo, que trabaja sentadita en su oficina, de  funcionaria. Yo por lo menos soy coherente... LA VIDA TIENDE A SER ASÍ,  unos somos más privilegiados que otros, esa pobre señora ni siquiera me da mucha pena, y no seas hipócrita, a ti tampoco mucha, las dos hemos visto muchas veces que parece q...

El amor coloca

- Si yo algo loco, loco, o loquito; tú loca, locazas.- Te decía, porque me mirabas arrobada, con una sonrisa de oreja a oreja que no se te borraba de la cara. Parecías ida. Todo eran besos, caricias, risas. - El amor todo locura .- Afirmabas risueña cuando asomaban las dudas; nos creíamos invencibles.  Hasta íbamos juntos a las sesiones de terapia.  Tu psiquiatra estaba sorprendida; nunca te había visto tan contenta, aunque por los síntomas de tu enfermedad, parecía sida . Te advirtió: - Las hormonas son pura química, lo hemos hablado antes.  Lo que sientes ahora es una euforia provocada por la droga del amor, la oxitocina.  Estáis pletóricos.  Dopados de oxitocina. - Explicó, con su media sonrisa, desde su trinchera de doctora privada profesional. - El amor; todo lo cura. - Te susurré, mientras te cogía la mano. Dicen que la fase de enamoramiento dura cuatro años. Nuestra relación empezó a transitar por una senda desconocida. Hoy celebramos nuestro aniversa...

Tortilla española

Darle la vuelta a la tortilla.  Para mí, un hándicap.  Freír las patatas, -y la cebolla-. Batir los huevos. Empapar las patatas y la cebolla en el huevo. Calentar aceite de oliva en la sartén. Verter la mezcla del huevo hasta que cuaje la parte del fondo de la sartén y ¡ay! darle la vuelta. ¿Cómo? He probado de muchas maneras. ¿Un plato? No tengo ni la destreza ni el equilibrio. ¿Un vuelcatortillas?  Ángel, mi tío me regaló uno, precioso, de cerámica de Talavera... Pesaba un quintal.  Entre el peso de la sartén con la tortilla y el del invento... Inviable. ¿Una sartén para tortillas? Son dos sartenes juntas, de forma que le das la vuelta sin complicación... Mi madre me compró una para probar, pero también pesan una barbaridad... Al final, un guante de horno y una tapa de sartén más grande que en la que haga la dichosa tortilla, y suspense hasta el último momento, porque puede que en vez de tortilla sean ... huevos revueltos.  Unos amigos uruguayos, Charlene y su...