Tras la hondonada
“Escribir de verdad supone tomarse en serio las palabras, vigilar las propias ocurrencias, hacerse responsables de los tiempos y las miradas. Una escritora como Almudena Grandes, antes de encender el ordenador, abría un cuaderno y escribía a mano lo que pensaba convertir en vida. La letra con la que se aprende a escribir supone una buena compañía para buscar preguntas y respuestas sobre las páginas en blanco. La memoria guarda sus cuadernos, procura que las palabras nos pertenezcan, consigue unir en el presente las deudas del pasado con las ilusiones del futuro. Como la vista se cansa al vivir, conviene que las correas que sujetan las gafas a nuestro cuello estén llenas de color y de luz. Así es posible que la melancolía sea optimista y conviva con la esperanza.”
Me he encontrado este texto reciente de Luis García Montero, publicado en El País, en un artículo en el que diversos colaboradores del periódico comentan 30 objetos relacionados con el diario por su 50 aniversario, así que voy a hacer un poco de trampa, como casi todas nuestras sesiones últimamente, pero a última hora he visto los temas propuestos y he pensado que podría servir para el tema de “Tras la hondonada” que propuso Fernando, aunque solo sea que lo que hacía Almudena –abrir un cuaderno- nos sirva como propósito, y sea como una senda a la que seguir, un arcoíris al final del camino, como ella, y de colores, como su cadena para las gafas.

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