En los márgenes
La chica hacía anotaciones en los márgenes de los folios de sus apuntes con bolis de colores
Subrayaba con rotuladores de colores también, y a veces una linea más fina de otro color subrayaba debajo del anterior... De forma que cada folio era un maremagnum de líneas de colores, banderitas, dibujitos... quedaba muy bonito.
Debía de estudiar Derecho u oposiciones, por lo que había podido leer.
El chico la observaba desde el sitio de enfrente de la biblioteca. No habían hablado nunca, pero los dos iban todos los días por la mañana. No entendía como se podía acordar de lo que pusiera en aquellos folios... con tanto colorín.
Él estudiaba Ingeniería, y precisamente, las asignaturas de memorizar le daban urticaria. Calidad, Prevención, ufff... Era feliz con un problema para resolver, un cálculo... eso exigía poner a prueba sus capacidades... y no hacía falta más que un lápiz, una hoja de papel (o varios) y una calculadora... pero el resultado era totalmente suyo, y además tenía una aplicación práctica.
Sus apuntes estaban impolutos, los redactaba con esmero; no pensando en aprobar, sino en su consulta cuando terminara la carrera, especialmente de las asignaturas que le gustaban, los reescribía después de clase, y eran un tesoro, que consultaría muchos años después.
A ella, al contrario de lo que pensaba él, no le gustaba estudiar. Pero tenía memoria fotográfica, y los colorines le ayudaban a recordar el contenido. No entendía como su amiga Eva podía apañarse solo armada con un lápiz bicolor, por un lado rojo y por otro azul, para todo el temario.
Soportaba el tedio de tanto estudio por el entorno... la biblioteca Ricardo Magdalena era uno de los edificios que más le gustaban de Zaragoza. A pesar de haber sido un antiguo matadero, todas las naves tenían forma de catedral; el techo de madera era una maravilla, y las columnas de Averly, de hierro forjado, con capiteles con forma de cabeza de animal, pintadas de verde botella, una genialidad del arquitecto que le da el nombre... y conservaba los sumideros en el suelo de su época anterior.
Y ese chico, que se sentaba enfrente suyo cada mañana... No habían cruzado una palabra, pero todos los días llegaba cinco minutos después de ella, la buscaba con la mirada y se sentaba al otro lado de su mesa. Sacaba despacio un manual, un atril, unos cuantos folios, un portaminas, una calculadora científica y una goma.
No sabía que escribía, fórmulas matemáticas parecían, porque su letra era tan diminuta que resultaba imposible adivinarlo...
Hoy ella ha llegado tarde, porque tenía que hacerse una analítica, y cuando ha llegado su sitio habitual estaba ocupado, así que ha tenido que irse a la planta de arriba, que también le gusta mucho, porque es muy tranquila, y cuando el sol se cuela por las rendijas del techo hace dibujos en las paredes.
Se ha sentado en un banco que tenía un sitio libre. Ha colocado un tema nuevo, sus rotuladores y su botella de agua. Y se ha ido a desayunar al Londres. Cuando ha regresado, un post-it amarillo estaba en el margen izquierdo sobre sus apuntes. Escrito a lápiz ponía Mañana no me dejes solo y una carita sonriente. ¿Hablarán mañana?
Uno de los temas propuestos esta semana era "En los márgenes", y he recordado el libro "El barco de Teseo" en el que unos usuarios de biblioteca se escriben en sus márgenes, de forma que hay varias historias, no solo la historia impresa.
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