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Otra Anna

 NADA MÁS CERRAR EL LIBRO se tumbó en la cama y se cubrió con la manta. Cerró los ojos. ¿Cómo un autor del siglo XIX podía conocer su secreto? Se levantó y lo abrió por la página doblada. Releyó. Si no fuera porque era imposible pensaría que ese señor leía sus pensamientos. También a ella le estaban haciendo la vida imposible, se había enamorado como una tonta… ¿Su marido? Sí. Lo quería también. Todos le habían dado la espalda. Leyó la última página. Lo cerró de golpe. – Ni de coña me voy a tirar yo al tren. – Concluyó.

Poco se habla

Poco se habla del nuevo inquilino del castillo, ese supuesto conde, que solo sale de noche, en su coche de caballos, tirados por esos corceles enormes, hermosos, sí, no digo que no, pero que dan mucho miedo, el pelaje negro azulado, tan brillante, los ojos inyectados en sangre, los colmillos afiladísimos... Y tan veloces como silenciosos  ¿no crees que son siniestros, María?- Le preguntó Catalina a su hija pequeña desde el quicio de la puerta del dormitorio.   Sostenía una palmatoria encendida en la mano derecha que proyectaba sombras alargadas en la pared. La joven parecía ensimismada y no contestó.  Estaba vuelta de espaldas, en la penumbra.    Nunca había sido muy habladora, pero la adolescencia había borrado todo resto de candidez.  - Buenas noches, mi niña.  - Le dijo Catalina a su hija cariñosamente, y cerró la puerta tras de sí.   La joven levantó la cabeza hacia la puerta sin decir nada.  Un viento helador barrió la e...

Intruso

PARA VOLVER A METERSE EN EL ATAÚD  tendría que encogerse bastante, darse prisa y apartar un poco el cuerpo que reposaba inerte sobre la dura superficie de madera. Se oían voces fuera, que callaron al escuchar el cierre de la tapa. -¿Quién anda ahí? Escuchó la voz amortiguada del viejo sacerdote que recorría el pasillo central de la capilla. Podía imaginarle, sorprendido por la oscuridad, porque hasta la pequeña lamparilla del sagrario estaba apagada. Desde dentro del féretro ella escuchaba muy fuerte su propia respiración, aunque cada vez más tenue. Nunca supo que el sepulturero había comentado después en el bar: – Con lo flaco que estaba y cómo pesaba el cabrón… ¿A quién se habrá llevado a la tumba?

Tan lejos, tan cerca

   Desde que trabajo en Madrid no tengo tiempo para nada.  Me levanto a las 6 de la mañana y cojo el primer tren, el que sale a las 7:36, y vuelvo en el que pueda de por la tarde, a veces en el de las 18:15, vamos una paliza.  Anoche hasta me permití el lujo de sumergirme en la bañera porque estaba agotada, aunque casi siempre me ducho ¿eh? Cada vez que uso el inodoro, tiro de la cadena.  Cuando abro el grifo, sale agua; si quiero, caliente. También puse dos lavadoras, y el lavavajillas.  Vamos, que supero la media de gasto de agua por habitante y día (142 litros) de largo.   Pero no pasa nada, porque salgo de casa y ahí estás tú viviendo en ese coche destartalado, en la explanada que hay justo enfrente, y vosotros, los que vivis ahí no necesitáis bañaros, ni ducharos, ni nada, como mucho, iréis al baño de la estación o al del bar de la esquina, si Manuel os deja usarlo, que creo que sí os dejará porque es un bendito, y ya no tengo tanto cargo de ...

El espectáculo debe continuar

  YO, QUE HE VIVIDO TANTAS VIDAS, que he fingido tantas muertes, que le he prestado mi voz, mi sangre y mis entrañas a Nerón, a Calígula y a Julio Cesar, a Napoleón, a Don Quijote y a Gengis Khan, a el Zorro y al vampiro, a tantos galanes y villanos, hoy he sido relegado a papeles secundarios; en ocasiones sin texto, ya no me queda nada más, pero ahora mi nombre será recordado en los años venideros. Querido hijo, mi amado heredero, príncipe Macbeth, cuando hoy hundas tu daga en mi costado, no será de atrezo sino verdadera. Hoy no solo morirá el rey Duncan sobre el escenario, sino también este pobre viejo, que no se resigna a arrastrar sus pies sobre las tablas, a olvidar sus frases…, a perder la cabeza. Que estas líneas sirvan también a las autoridades para exculparte, pues yo he cambiado el arma falsa por otra verdadera.   Y también al elenco, a los técnicos, y al público en general. Os pido a todos que siga la función.   Aunque no pueda cuando baje el telón salir ...

La voz del invasor

  Ya sé que te saco de quicio.  Pero no puedo evitarlo.  Es mi única manera de sobrevivir, una planta trepadora, una hiedra, una enredadera, se alimenta del árbol que le sirve de soporte y al que embellece y ahoga al mismo tiempo. Solo que mi especie es distinta.   No sólo tiene unas raíces distintas, sino que son móviles; aunque lo normal es que cada vez que hago acto de aparición, y cada vez es más frecuente, es enraizada en tus inserciones cerebrales o en tu nervio ciático. Es entonces cuando me convierto en un verdadero ser vivo.   Cada vez que Mariuca o Miguel te tocan, intentando descubrir por dónde me muevo, donde habito, vas dibujando un mapa de mí, que abarca tu zona lumbar, tus glúteos, tus caderas, músculos de nombres preciosos cuya existencia desconocías; los piramidales, los serratos, los estabilizadores de las caderas… Y sensaciones distintas… Puedo ser más agudo, más difuso, más intenso, a veces más localizado, y otras, me extiendo como una he...

La despedida

  NOS VEÍAMOS MEJOR EN LA OSCURIDAD de los bares de copas, entre volutas de humo, cuerpos sudorosos y exultantemente jóvenes, como los nuestros entonces, que ahora, que forzamos comidas del grupo cada tanto, a las que los críos van a regañadientes. Nos mecíamos al ritmo de las canciones de moda de los 80 y 90, o nos desgañitabamos con los éxitos del momento, especialmente tú, debo decir- en grupos de amigos, parejas que se besaban y se abrazaban, se metían mano en un rincón, de manera torpe, a veces por primera vez… Así conociste a Hector. Nos contábamos las cosas mientras nos arreglábamos en tu casa, cuando íbamos de camino a San Miguel o en el trayecto entre los bares, o esperando, en la esquina o en la parada del bus… Y bebíamos.   Más de lo sensato, pero era nuestra forma de relacionarnos también.   De desinhibirnos.   De encajar.   Y era divertido. Bares en El Rollo, en el Casco.   Rondas de chupitos.   Copas.   Cervezas.   Agua… ...