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Aquel día no me mojè los pies

  Aquel día no me mojé los pies… Tenía la costumbre de llevar unas botas de agua en el maletero, así que cuando divisé el cuerpo de bruces contra el suelo, inmerso en un charco negruzco, bañado en su propia sangre, me di la vuelta sobre mis propios pasos, a la vez que apuntaba hacia el vehículo, que me saludó con un breve pitido y una ráfaga intermitente de luces.   Dos minutos después, me acercaba de nuevo a la escena del crimen, dispuesta a levantar el cadáver, mientras daba instrucciones a Daniel, el agente judicial que me acompañaba y trataba de captar los detalles de la escena.   Dos agentes de la policía nacional se acercaban a nosotros, y una ambulancia del samur con sus ocupantes en el interior atendían a una tercera persona,   cuya voz sollozante me resultó familiar, aunque no supe ubicarla en ese primer momento. -           Buenas noches. Soy la jueza Triviño; ¿Qué ha pasado?- Le pregunté al policía más veter...

La canción del verano

  La bola de fuego incandescente incendia el hemisferio norte.   Las autoridades aconsejan no salir a la calle en las horas centrales del día, beber agua abundante (no bebidas azucaradas) y cuidar especialmente de ancianos y niños pequeños, más vulnerables al calor extremo y más propensos a sufrir golpes de calor. Los termómetros sobrepasan los 50º, mientras que el asfalto se derrite como un cucurucho de helado fuera del congelador. Es el verano en que los mejillones aparecen cocidos por las altas temperaturas en las costas del océano Pacífico de Canadá, las sombrillas de las medusas colonizan un poco más el mar Mediterráneo y las algas invaden la costa dejando un hedor insoportable. Indolente, lo soporto estoica, sin apenas días libres, convenciéndome como todos los años de que en agosto en la oficina se está fenomenal, con el aire acondicionado y con menos trabajo … Ayer supe los resultados; carcinoma grado 2. -         ...

Nueva identidad

  No era mi vocación ser lo que soy ahora.   Esto en lo que me han transformado. Los humanos siempre dicen que la vida es lo que pasa mientras tu haces otros planes…   Trataré de explicarme mejor. Hace cuarenta y tantos años una mujer y su hija pequeña aparecieron en mi tienda y me adoptaron.   Pasé a formar parte del ajuar de la joven.   Por entonces ra una sábana preciosa de algodón inmaculadamente blanca, que junto a mis compañeras, la sábana encimera y las fundas de almohada, vestiríamos su cama matrimonial, abrigaríamos su cuerpo y el de su marido, y pasaríamos a formar parte de su vida cotidiana.   Ese era el plan. Pero nada ocurrió según lo previsto.   Al parecer, nuestra calidad era demasiado buena.   La cama siempre estaba vestida con sábanas más corrientes; de flores, de rayas, unas marrones con topos blancos bastante feas traídas de un viaje… Así que fuimos relegadas al fondo del armario ropero, resignadas a amarillear. Sin embarg...

La tradición

  Llegó sin avisar aunque todos lo esperaban. Gritó: -            ¡Os he extrañado tanto! Una versión más joven del recién llegado, miró a su madre que explicó: -            Martín, Es tu padre.    En nuestra familia, uno de    cada generación realiza un viaje en el tiempo. Solo regresa cuando debe renovar la tradición.    Es tu turno.  Incapaz de articular palabra, Martín se levantó de la mesa y cogió el reloj de arena y la enorme llave herrumbrosa que su progenitor le tendía.   No recuerda nada más.  Está al lado de una puerta en la que la llave encaja y el reloj no tiene arena.  

Ana

  Bucear en el lago que había al lado de la casa había sido el pasatiempo favorito de los niños del pueblo, pero desde que la pequeña forastera se ahogó aquella noche de San Juan ya nadie se atreve, y la casa permanece cerrada a cal y canto.  Solo se escucha el sonido del viento que azota las contraventanas y, a veces, extraños crujidos en los tablones del embarcadero.  Y si alguien observara con detenimiento, cada solsticio podría ver las huellas de unos pies infantiles   sobre la madera carcomida y escucharía un breve chapoteo sobre la lámina de agua.   

Daltónicos

            Ella tenía los ojos del color de la Coca-Cola, y él de Baileys con hielo.   Parecía que en cuanto se miraran, se cuajaría la mezcla y se volverían bizcos los dos.      Los ojos de su hijo eran azul   piscina.   Y los de su hija verde agua.   Tenían un perro blanco y un gato negro. Se vestían todos iguales y revelaban las fotos en blanco y negro.   Ellos no apreciaban nada extraño.      En su trabajo, en una tienda de pinturas, las mezclas de color siempre salían grises.

¿Dónde está Charli?

  Pablo tiene un perrito que se llama Charli.   Viven en Utebo, con los papás de Pablo y su hermana Elena. Utebo es   un pueblo que tiene una torre muy alta en la plaza, y a veces van allí a pasear.   Pablo va al cole para aprender a ser superhéroe, pero le han dicho que aún no saben cual es su superpoder, primero tiene que aprender otras cosas como contar, leer y escribir. De todas formas, Pablo corre muy deprisa y su señorita piensa   que a lo mejor la supervelocidad es el poder secreto de Pablo. Desde que Charli vive en casa de Pablo, los dos se habían hecho muy buenos amigos.   Charli antes vivía en la ciudad, y le gustaba ir a pasear a otro parque y jugar con otros perros. Pablo tiene muchos amigos, algunos en su cole, y otros que son   hijos de amigos de sus papás, como Alejandro Junior, Saúl, Marta, Sofía y Sara, la hermana pequeña de Alejandro Junior. Pablo no sabía que Alejandro Junior también tiene el mismo poder que él, la superveloc...