En realidad no es nada secreta. Es una libreta un poco más grande que un paquete de pañuelos, con las tapas amarillas, anillas en la parte de arriba y hojas de cuadrícula, que Ana guarda en el cajón de la mesa de la cocina. Tiene más de treinta años, creo que ya la tenía antes de mudarse a esta casa. Por sus hojas desfilan las recetas que necesita hojear porqué le falla algún detalle. Un ingrediente, una medida... El conejo al tomillo de Rosario, los buñuelos, el brazo de gitano, el arroz con leche de Eva Arguiñano, el bizcocho de yogur, bombones, trufas, bacalao al ajo arriero… Casi todas con su caligrafía redonda y rápida, algunas con la nuestra, con tinta de bolígrafo azul, salpicadas de manchas de aceite en las páginas amarillentas. Tiene un cuaderno con fichas plastificadas sin estrenar, que le regalé, y un archivador con la mayoría, todas imprimidas y clasificadas, que le hizo mi hermana, muertos de risa. Sigue apuntá...