Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...
Volvemos a casa del camposanto, protegidos de la lluvia con los paraguas, en una triste procesión que pinta de negro la carretera. Acaban de enterrar al tío Juan, el Chato, y, como de costumbre, ha ido todo el pueblo. He ido hasta yo, su eterno enemigo durante sesenta años, aunque me haya quedado en la puerta del cementerio. Sesenta años peleándonos por las tierras, por los turnos del agua, en el ayuntamiento… Viene de lejos nuestra guerra; uno en cada bando entonces y ahora, y mira por donde, mis nietos y los suyos se ajuntan, me hierve la sangre, cuando los veo, tan campantes, alternando en el bar y haciendo el tonto todo el día. Cuando tenía yo sus años ya estaba harto de acachar el lomo y éstos haraganes, con dieciséis abriles ni trabajan, ni estudian, pasan el verano mano sobre mano y aun tienen el cuajo de pedir la paga los domingos. Les daba yo con la vara, como a las vacas. El caso es que al Chato lo han estado velando las mujeres toda la noche en su...