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PLANETA AZUL

Casi no recuerdo la sensación de abrir un grifo y que salga agua, aunque  intente imaginármelo.  Desde la terrible sequía de 2030, las restricciones han sido constantes y la tecnología se ha ido adaptando al cambio climático, claro. Ya no hay grifos, sino aspersores, de los que brota una sustancia espumosa llamada bruma, que permite el aseo pero que casi no moja. La última moda es calentar la bañera mediante una resistencia interna, para la clase acomodada claro, o las termas públicas, para el resto.  Yo me envuelvo en una toalla caliente después de tomar una ducha de bruma en el baño comunitario.   El sonido del agua ha pasado a formar parte del imaginario colectivo, aunque, paradójicamente, la tierra sea un planeta más azul que nunca. Solo que el agua disponible es salada, debido a la desaparición de los polos.  Los habitantes costeros se bañan en el mar, o se han mudado a islas flotantes, que sustituyen a las inundadas con el deshielo.   D...

NOCHE DE GUARDIA

Hacía una noche de perros, como para estar en el sofá viendo la tele, tapado con una manta, resguardado de los gruesos copos que caen al otro lado de la ventana. Y no como nosotros, en medio del bosque, con los limpiaparabrisas a todo trapo para quitar la nieve de los cristales, acurrucados en el asiento, el gorro calado, el cuello del abrigo subido. Entonces escuchamos el ruido de un vehículo, y apagamos las luces y el motor para no ser descubiertos.  Vimos la furgoneta del guarda forestal desaparecer detrás del refugio y adivinamos el chasquido al cerrar la puerta delantera, sonidos de pisadas,  ruidos metálicos, paladas sobre la nieve.  Por lo menos habrá entrado en calor.- Pensé. - A mí se me van a congelar los dedos. Y me encogí un poco más, alerta.  Miré a mi compañero. Se había quedado dormido. No reconocí al conductor, que volvía sobre sus pasos y cargaba un fardo pesado, que arrastraba con dificultad, supongo que hasta el agujero recién cavado en la nie...

LA DAMA DEL ABANICO

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Pertenezco a una dama. Mi esqueleto lo forman varillas de hueso labrado cubierto por un país [1] de seda granate, con delicadas flores pintadas encima.  Hace mucho que resido en el Museo del Traje de Madrid, enjaulado en una vitrina, junto a una reproducción del cuadro “La dama del abanico” del que formo parte.  Cada día escucho la monótona historia oficial de boca de los guías del museo.   Cuentan a los turistas que pertenezco a una dama de la burguesía que cada tarde esperaba en la Catedral de Durango a un apuesto militar, mientras se abanicaba frenéticamente para espantar a otros posibles pretendientes,  dando a entender que estaba comprometida. Una tarde, el soldado no apareció. La dama lo esperó; nunca se casó.  Veinte años después recibió la noticia del Ministerio de Defensa de la trágica muerte de su amante. Cuentan los guías del museo, con voz queda, que nadie volvió a verla jamás, y que el capellán encargado de cerrar la Catedral siempre se apur...

ÁGUEDA

Águeda se puso muy pálida y no contestó. Casi no pronunció palabra en las semanas siguientes. Tan solo bordaba sentada junto a la ventana, porque al contar los puntos evitaba pensar y el sonido de las maderitas de boj apaciguaba su espíritu. Una tarde, ensimismada en sus negros pensamientos se descubrió maquinando su venganza.  Escondería semillas de escaramujo entre los bordados, para que se pincharan con ellos y no pudieran dormir.  La inocencia de su venganza le hizo sonreir y una lágrima escapó por su mejilla. No, no podía hacerle nada malo a su hermana, aunque sintiera que la había traicionado. Entonces tuvo una idea mejor. Se puso su vestido de tarde lila, y se colocó el sombrero a juego, un poco ladeado  y lo sujetó con horquillas al cabello, para que no se moviera. Se giró un poco para comprobar en el espejo que las horquillas no se veían y se pellizcó las mejillas, para darles un poco de color. Se subió a una silla y cogió de encima del armario un c...

ANTES DEL AMANECER

Se despertó de madrugada.  Mucho antes del alba, de que el cielo se tiñera de rosa y de que el sol asomara por el horizonte.  Estaba entumecida, aterida por el frío de la mañana.  Así que se estiró mientras bostezaba, miró a sus cachorros dormir plácidamente, acurrucados juntos, y se levantó sigilosamente, alejándose deprisa sin hacer ruido. No le gustaba dejar a sus hijos solos, tan desvalidos aún, pero no le quedaba más remedio.  Solo sería un momento.  Tenían que comer. La leche se le había retirado ya, y ella también tenía hambre, un agujero negro, que se agrandaba por momentos,  que le hablaba desde las tripas y  que tenía que apartar de su pensamiento para concentrarse. Dejó de correr. Se detuvo un momento adecuando sus ojos a la oscuridad, alerta, escuchando.  No oía nada, no veía nada, pero sus pasos eran firmes, su instinto la guiaba. Tensó los músculos de las patas y empezó a correr en dirección al rio, serpenteante, casi s...

MARIPOSA

Suena  I will survive  en el móvil.  Lo apago rápidamente.  Me desperezo y por fin me levanto de la siesta.  Me meto en la ducha para terminar de espabilarme, me enjabono al cabeza y el cuerpo y aprovecho para depilarme, deslizando suavemente la cuchilla, que dibuja surcos de jabón sobre mi piel. Me extiendo la crema hidratante y me envuelvo con la toalla.  El espejo me devuelve la imagen borrosa del cristal empañado.  Me seco el pelo con otra toalla. Y luego con el secador mientras la bruma del espejo se disipa, e intento calmar las mariposas de mi estómago. Voy hasta la habitación y saco del cajón superior de la cómoda la ropa interior de esta noche.  El conjunto lencero negro, el liguero a juego y las medias negras de cristal con costura detrás.  Saco del segundo cajón el corpiño de cuero negro con tachuelas y la minifalda roja.  Me visto.  Abrocho con cuidado el liguero a las medias y compruebo que la costura quede rect...

ALBERTO Y LA SEÑORA

Oí como se abrían las puertas del ascensor, e , inmediatamente después, el sonido de unos pasos amortiguados sobre la moqueta del pasillo justo antes de abrir la puerta. Ahí estaba esa extraña, despeinada, con la falda sucia y arrugada, preparada para arrearme un bolsazo a la menor oportunidad. -       -   Creo que ha habido un lamentable error, señora.- Me apresuré a decir. -       -  ¿Cómo que un lamentable error, Alberto? Dejame pasar, por favor, que llevo una hora esperando ahí abajo y tu, nada, hasta que te he visto asomado al balcón. -          -  Que no, que no, que yo no la conozco de nada. -        -  ¿Pero como que no me conoces? Soy yo, papá, que solo he bajado un momento a comprar una botella de agua, ¿No te acuerdas? Fruncí el ceño, confuso, y giré la cabeza hacia la cama, que de repente aparecía perfectamente hecha y sin rastro de mi recién est...