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ÁGUEDA

Águeda se puso muy pálida y no contestó. Casi no pronunció palabra en las semanas siguientes. Tan solo bordaba sentada junto a la ventana, porque al contar los puntos evitaba pensar y el sonido de las maderitas de boj apaciguaba su espíritu. Una tarde, ensimismada en sus negros pensamientos se descubrió maquinando su venganza.  Escondería semillas de escaramujo entre los bordados, para que se pincharan con ellos y no pudieran dormir.  La inocencia de su venganza le hizo sonreir y una lágrima escapó por su mejilla. No, no podía hacerle nada malo a su hermana, aunque sintiera que la había traicionado. Entonces tuvo una idea mejor. Se puso su vestido de tarde lila, y se colocó el sombrero a juego, un poco ladeado  y lo sujetó con horquillas al cabello, para que no se moviera. Se giró un poco para comprobar en el espejo que las horquillas no se veían y se pellizcó las mejillas, para darles un poco de color. Se subió a una silla y cogió de encima del armario un c...

ANTES DEL AMANECER

Se despertó de madrugada.  Mucho antes del alba, de que el cielo se tiñera de rosa y de que el sol asomara por el horizonte.  Estaba entumecida, aterida por el frío de la mañana.  Así que se estiró mientras bostezaba, miró a sus cachorros dormir plácidamente, acurrucados juntos, y se levantó sigilosamente, alejándose deprisa sin hacer ruido. No le gustaba dejar a sus hijos solos, tan desvalidos aún, pero no le quedaba más remedio.  Solo sería un momento.  Tenían que comer. La leche se le había retirado ya, y ella también tenía hambre, un agujero negro, que se agrandaba por momentos,  que le hablaba desde las tripas y  que tenía que apartar de su pensamiento para concentrarse. Dejó de correr. Se detuvo un momento adecuando sus ojos a la oscuridad, alerta, escuchando.  No oía nada, no veía nada, pero sus pasos eran firmes, su instinto la guiaba. Tensó los músculos de las patas y empezó a correr en dirección al rio, serpenteante, casi s...

MARIPOSA

Suena  I will survive  en el móvil.  Lo apago rápidamente.  Me desperezo y por fin me levanto de la siesta.  Me meto en la ducha para terminar de espabilarme, me enjabono al cabeza y el cuerpo y aprovecho para depilarme, deslizando suavemente la cuchilla, que dibuja surcos de jabón sobre mi piel. Me extiendo la crema hidratante y me envuelvo con la toalla.  El espejo me devuelve la imagen borrosa del cristal empañado.  Me seco el pelo con otra toalla. Y luego con el secador mientras la bruma del espejo se disipa, e intento calmar las mariposas de mi estómago. Voy hasta la habitación y saco del cajón superior de la cómoda la ropa interior de esta noche.  El conjunto lencero negro, el liguero a juego y las medias negras de cristal con costura detrás.  Saco del segundo cajón el corpiño de cuero negro con tachuelas y la minifalda roja.  Me visto.  Abrocho con cuidado el liguero a las medias y compruebo que la costura quede rect...

ALBERTO Y LA SEÑORA

Oí como se abrían las puertas del ascensor, e , inmediatamente después, el sonido de unos pasos amortiguados sobre la moqueta del pasillo justo antes de abrir la puerta. Ahí estaba esa extraña, despeinada, con la falda sucia y arrugada, preparada para arrearme un bolsazo a la menor oportunidad. -       -   Creo que ha habido un lamentable error, señora.- Me apresuré a decir. -       -  ¿Cómo que un lamentable error, Alberto? Dejame pasar, por favor, que llevo una hora esperando ahí abajo y tu, nada, hasta que te he visto asomado al balcón. -          -  Que no, que no, que yo no la conozco de nada. -        -  ¿Pero como que no me conoces? Soy yo, papá, que solo he bajado un momento a comprar una botella de agua, ¿No te acuerdas? Fruncí el ceño, confuso, y giré la cabeza hacia la cama, que de repente aparecía perfectamente hecha y sin rastro de mi recién est...

EPÍLOGO

Para él tampoco había sido fácil.  Toda la vida juntos, conocía cada curva de su cuerpo, cada gesto, cada frase que decía, y últimamente, cada reproche, cada suspiro… Aun así siempre la querría.  Aunque fuera de otra manera, era la madre de sus hijos, la única que le recordaba las citas con el médico y los cumpleaños y sabía porqué le gustaba tanto Cat Stevens. Se había propuesto contener el llanto a toda costa, así que en vez de despedirse con un abrazo o acariciarle el pelo como le habría gustado se dieron un frío apretón de manos, como dos extraños.  Al parecer, es lo que serían a partir de ahora. El apartamento alquilado estaba vacío, oscuro y la humedad dibujaba manchas en las paredes y los techos.  Los muelles del somier rechinaban y el eco de las pisadas le recordaba que estaba solo, así que se dispuso a deshacer el equipaje, para no pensar. Tras colgar su ropa en el armario, colocar los libros y los discos en la estantería de melan...

ANA

Bucear en el lago que había al lado de la casa había sido el pasatiempo favorito de los niños del pueblo, pero desde que Ana se ahogó aquel verano, ya nadie se atreve, y la casa permanece cerrada a cal y canto.  Solo se escucha el ulular del viento azotando las contraventanas y a veces, extraños crujidos en los tablones del embarcadero.  Y si alguien observara con detenimiento, cada noche de San Juan podría ver el humo de una hoguera, las huellas de unos pies mojados sobre la madera carcomida y las ondas del lago tras la zambullida de una niña, que, sospechosamente, se parece muchísimo a Ana. 

EL REGALO DE TU VOZ

20 de diciembre. Recibo un whatsapp tuyo después de meses de silencio. “Hola Eva… He andado liadillo. ¿Cómo vas con todo?” Pensaba que habías cortado la comunicación para siempre. Pero ahí estás de nuevo. Y no puedo dejar de responder. “Todo bien. Como siempre. J ” Por la noche, sin poder evitarlo, mis dedos se mueven solos por las teclas del teléfono: “¿Tú qué tal? Si quieres un día que tengas tiempo hablamos y nos ponemos al día”. Y nos contamos unas pocas cosas por whatsapp.  Nada importante, trivialidades de recuerdos juntos, que demuestran que nos acordamos el uno del otro, o, al menos, eso me parece. En Nochebuena marco tu número de teléfono, indeleble en mi memoria. En realidad, eres la única persona con la que me apetece hablar hoy. Has ido a pasar la Navidad al pueblo.  Se te nota relajado, contento, y se oye jaleo. Tus hermanos se meten contigo.  Sales a hablar a la calle. Pero como hace mucho frío vuelves a entrar. Oigo como tu hermano Quique s...